Hoy es un día frio de invierno, al despertar veo por la ventana, la nieve cae lentamente dejando un paisaje blanco y brillante prácticamente igual que el día que cambio mi vida para siempre. Recordando unos años atrás: Dios por favor permíteme traer a este bebe al mundo o llévame a tu lado, el dolor parece ser demasiado; una paz llena mi ser y me recuerda:
Los hijos son una herencia del SEÑOR,
los frutos del vientre son una recompensa.
Salmo 127:3
Poco tiempo después una niña hace su aparición a enseñarme como ser madre, a llenar nuestra vida de alegría y de un nuevo propósito. Es verdad que el tener hijos es mucho trabajo: Ya duérmete bebé estoy cansada, no llores tienes que jugar sola necesito hacer comida, ¿algún día aprenderás a leer?, no hagas tanto ruido con el piano nos va a doler la cabeza. Mi oración siempre ha sido: Dios dame fortaleza para el día a día y ayúdame a incrementar mi paciencia, permíteme ser un bueno ejemplo y enseñarles de tu amor.
Once años después: Levántate Tabitha es tu cumpleaños; mamá yo voy a hornear mi propio pastel. Déjame que te cuente del libro de termine de leer. ¿Te gusta esta nueva canción que estoy practicando? Mamá he aceptado a Cristo en mi corazón. Así es como he recibido mi recompensa ver al como mi hija poco a poco se convierte en mi amiga y fiel ayudante, es verdaderamente una bendición.
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