Este 2022 cumplimos la primera década viviendo en esta vieja granja, mi mente está llena de recuerdos de todos los proyectos de jardinería que hemos realizado durante los años. Empecemos el día que recibimos las llaves de la casa; era verano y el césped nos llegaba a la cintura de alto, junto a la calle había un espacio donde alguna vez había habido grava para estacionar el carro; literalmente este era el único pedazo descubierto, la situación era que la casa había estado sola por mucho tiempo y todo estaba en gran manera sobre crecido. Nosotros viniendo de la ciudad, prácticamente no contábamos con podadora de ningún tipo o herramientas de jardinería. Para nuestro beneficio un familiar nos regaló una podadora que ya no necesitaba y con mucho trabajo (porque el césped era demasiado largo para esta podadora) logramos cortar una vereda que nos llevara desde el carro hasta la casa y al buzón. En la parte trasera hay una terraza que estaba completamente llena de enredaderas, sabíamos que había un pequeño lago y un vergel con diferentes frutales que por el momento era difícil accesar.
Cada Sábado durante unos meses viajamos de nuestra casa en la ciudad a nuestra granja para trabajar y limpiar. Honestamente no contábamos con los recursos para contratar servicios que no fueran de electricidad, plomería o calefacción, así que prácticamente dejamos todo como estaba y concentramos nuestra energía en arreglar el interior de la casa para poder movernos. Esto fue posible hasta medio invierno y con tanto frío era imposible para mi pensar en nada relacionado a jardinería.
La primavera llego y con ella algunas flores empezaron a emerger, así que cada día que el clima lo permitía salíamos a explorar y limpiar un poco. Compramos una podadora más grande, viejita pero capaz de poco a poco ir poniendo el césped bajo control.
Tengo que mencionar que hasta este punto nunca me había interesado la jardinería, habiendo crecido en el desierto donde los cactus realmente no necesitan mucha atención, nunca pensé que tendría la oportunidad de tener mi propio jardín y huerto.
El jardín más bello que recuerdo sin haber sido muy grande es el de mi abuela que con el tiempo desapareció; es decir fue modificado y reducido por renovaciones.
Consistía en un área cuadrada, creo que estaba cercado, pero no recuerdo exactamente. Tengo un borroso recuerdo de una puerta de herrería a la entrada. Había árboles en dos esquinas con una vereda adoquinada alrededor de una fuente y lo que más me gustaba eran las rosas, ese recuerdo de exquisito perfume y belleza se ha quedado conmigo hasta ahora.
Regresando a mi granja, lo más que limpiaba lo más que encontraba rastros de plantas que una vez existieron en nuestro terreno y en algún momento murieron. Junto a la calle hay un cerco de madera decorativo y allí engrapado en uno de los barrotes encontré una etiqueta de un rosal, así que decidí plantar rosas. Había varios arbustos alrededor de la casa que se habían convertido en árboles y que tuvieron que ser removidos por estar dañando los cimientos o el techo. Algunos árboles estaban en tan mala condición que los hemos visto morir, otros están fuertes y frondosos cuentan la historia de su creador y otros de la mano de alguna persona que los planto en su lugar, con una esperanza en el futuro y un legado para siguientes generaciones.
“Crear un jardín es buscar un mundo mejor. En nuestro esfuerzo en mejorar la naturaleza, somos guiados por visiones del paraíso.”
Marina Schinz
Tomó, pues, Jehová Dios al hombre y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrase y lo guardase
Genesis 2:15
¿Cuál es tu visión del paraíso aquí en la tierra? Dios nos ha regalado creatividad, pongámosela en práctica en todo lo que hacemos.
Mis jardines están muy lejos de convertirse en lo que he planeado; pero siempre están dándome sorpresas y ayudándome a aprender y disfrutar incluso su estado natural. Poco a poco se van desarrollando y completando mi visión.
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