Un año más que se ha ido con sus recuerdos, sus dolores y alegrías, triunfos y fracasos, lecciones aprendidas y otras que necesitan ser estudiadas de nuevo. Con todo lo que quedó atrás, la vida continua y en la granja es fácil ver los ritmos que la naturaleza impone. En invierno el entorno parece estar dormido, sin embargo solo descansa y se se fortalece para el renacimiento de la primavera.
Nosotros como humanos y parte de la creación de Dios, debemos tomar la pauta y también tomar ese descanso que nuestros cuerpos y mentes necesitan. A diferencia de los demás seres vivientes, los humanos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, con un alma y espíritu, que necesita reflexionar y comunicarse con su creador constantemente.
La naturaleza es una de las formas en las que me siento mas cerca a Dios, porque puedo ver sin duda alguna su mano en todo; desde la belleza de las flores, hasta la sabiduría de los pájaros al emigrar. Todo trabaja en perfecta armonía cuando no tratamos de intervenir mucho en los procesos naturales. Me es fácil desanimarme cuando veo una infinidad de hierbas no deseadas en el jardín, pero cuando veo que todo trabaja para bien en nuestro pequeño ecosistema; digo bienvenida planta has tu trabajo, alimenta a quien debas y corre tu curso.
De la misma manera, podemos tener la certeza de que todas las cosas que nos pasan en esta vida tienen un propósito y podemos aprender de ellas si tenemos la diligencia de preguntar.
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.
Romanos 8:28-30
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