Velos hermosos

Los últimos 15 años de mi vida los he dedicado a aprender a ser mamá; esa tarea tan difícil y hermosa al mismo tiempo. Dicen que Dios nos da hijos para mostrarnos todas nuestras debilidades y santificarnos a su imagen y semejanza. La primera vez que fui madre tuve un parto difícil y por un momento pensé que Dios me llevaría a su presencia sin la oportunidad de sostener ese bebé en mis brazos. Dios en su misericordia, me dio la oportunidad de dar a luz a nuestra primera hija y así emprender la aventura de ser padres.

Una conexión increíble de amor empieza la primera vez que sostienes ese bebé en los brazos por primera vez. De repente como una cubeta de agua fría en la cabeza, te cae la realización de que no hay vuelta atrás, ese bebé esta a tu cuidado hasta que pueda volar del nido. Es nuestro deber como padres, cuidarlos, alimentarlos y lo mas importante guiarlos a los pies de nuestro Salvador.

Tan pronto como el retoño empieza a dormir unas horas por la noche y por fin pasas la metamorfosis de zombie a mamá, lógicamente empiezas a soñar con el futuro; Te preguntas cuando va a empezar a caminar, hablar, a que edad aprenderá a leer, seguro a los 3 tiene cara de genio; va a ser muy talentoso, bien portado, popular y esperemos que hasta rico. Desafortunadamente, pronto nos damos cuenta que nadie es perfecto, ni nuestro precioso bebé, ni nosotros como padres. ¿Que pues haremos? De seguro con el segundo bebé todo saldrá mucho mejor…

Obviamente cada bebé es una bendición de Dios y nace con su propia personalidad, definida por su único grupo de genes, especialmente diseñado nada más y nada memos que por el Creador del universo. Como padres muy pronto nos damos cuenta de que no hay una serie de pasos a seguir que nos de los resultados que erróneamente deseamos. Bien dice el libro “criar hijos nos es para cobardes”. Es la tarea mas importante que como personas, Dios nos ha encomendado y para poder hacer un buen trabajo, necesitamos cambiar nuestra perspectiva.

Leyendo la historia de Moisés en el libro del Exodo, Dios me abrió los ojos a una perspectiva completamente nueva para mí.

Exodo 2: 1-2:

Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.

El leer estos versículos me hizo entender que nuestro amor de madre por nuestros hijos no es nada comparado con el amor que nuestro padre celestial tiene por ellos. Si conoces el resto de la historia, sabras que los padres de Moisés hicieron lo que muchos de nosotros no queremos hacer, dejar a nuestros hijos en las manos de Dios, para que El les muestre los planes que tiene para sus vidas.

Salmo 139: 13-16

Porque tú formaste mis entrañas;

Tú me hiciste en el vientre de mi madre.

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;

Estoy maravillado,

Y mi alma lo sabe muy bien.

No fue encubierto de ti mi cuerpo,

Bien que en oculto fui formado,

Y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Mi embrión vieron tus ojos,

Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas

Que fueron luego formadas,

Sin faltar una de ellas.

Mientras nosotros nos frotábamos el vientre e imaginábamos que personita estaba dentro, Dios ya los conocía y los veía hermosos, tal como ve a cada uno de sus hijos. Por lo tanto es indispensable que nosotros también veamos a nuestros hijos hermosos y los ayudemos a encontrar el plan de Dios para sus vidas, no el que nosotros soñamos para ellos. Hay gran paz en reconocer que lo mas importante para nuestros hijos es que encuentren salvación y que todas las cosas y planes a futuro están en las manos de Dios.

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